El Gobierno de España debe dar pasos como le demanda la mayoría social vasca

Las organizaciones firmantes del Acuerdo de Gernika queremos aprovechar estos últimos días de 2011 para hacer público nuestro balance del año que termina, en lo que se refiere al proceso de resolución del conflicto político en Euskal Herria. Sin duda, 2011 ha sido un año importante. Este año hemos abierto de par en par una ventana a la esperanza. Pese a todos los obstáculos, hemos sido capaces de poner bases sólidas para la apertura de un nuevo ciclo.

Al hacer balance del año transcurrido, lo primero que queremos resaltar es la validez del Acuerdo que suscribimos aquel 25 de septiembre en la villa de Gernika. Entonces dijimos que aquel Acuerdo era la hoja de ruta para la resolución del conflicto político y hoy afirmamos que la dinámica realizada a lo largo de este 2011 da fe de ello.

Hemos querido que nuestro trabajo fuera el reflejo práctico de la hoja de ruta del Acuerdo. Para ello hemos intentado mostrar el camino hacia la resolución, a la vez que hemos denunciado todo ataque o agresión al proceso, haciendo una defensa firme de todos los derechos humanos.

Terminamos nuestra dinámica de 2011 expresando nuestro reconocimiento para con todas las víctimas del conflicto, pero en los meses anteriores, además de socializar el contenido del Acuerdo, conseguimos que muchos agentes sociales se adhirieran al mismo. En todo momento hemos impulsado una resolución integral del conflicto, basada en un proceso sin vencedores ni vencidos. Hemos reclamado la puesta en libertad de los presos políticos más gravemente enfermos, así como la legalización de todas las organizaciones y actividades políticas. Los agentes firmantes del Acuerdo hemos tratado de fomentar el diálogo político como instrumento para alcanzar acuerdos resolutivos, aunque todavía no ha sido posible que todas las partes puedan conversar entre sí. Hemos salvado todos los muros impuestos por Instituciones Penitenciarias para dialogar con el Colectivo de Presos y Presas Políticas Vascas. Fruto de esos intercambios de opiniones fue la firma del Acuerdo de Gernika por parte de dicho Colectivo, un hito importante en este proceso que vivimos.

Dos acontecimientos han hecho de 2011 el año de la esperanza: la Conferencia Internacional de Aiete y sobre todo, la histórica decisión de ETA al anunciar el cese definitivo de su actividad armada. La Declaración de Aiete recoge el recorrido que deben hacer todas las partes para llegar a la resolución definitiva del conflicto político. La respuesta de ETA a dicha Declaración puso el punto de partida a dicho recorrido. El resto de agentes implicados en el mismo, por un lado, los gobiernos español y francés, y por otro lado, todas las fuerzas políticas de Euskal Herria están, les guste o no, en un escenario que les obliga a comenzar a caminar. Nuestros ojos vislumbran la oportunidad de cerrar definitivamente un conflicto histórico. La ocasión es inmejorable y la responsabilidad le debe corresponder. La Historia será testigo, pero será la sociedad vasca quien juzgue a cada cual.

Aunque a lo largo del año hemos oído a menudo aquello de “la nueva situación política”, en demasiadas ocasiones la “nueva” se parecía demasiado a la “vieja situación política”. Estamos hablando de la actuación del Estado español, que casi siempre ha buscado el bloqueo y el enquistamiento del conflicto, como si realmente no deseara el final de la confrontación armada. El Estado francés ha huido de toda responsabilidad, como si el conflicto no fuera con él, delegando siempre en el Estado español y aplicando una represión selectiva. El Estado español, por contra, ha arremetido con violencia contra el nuevo escenario político desde el principio. Desde el 8 de enero el alto el fuego de ETA era permanente y general y, aún así, hemos tenido que denunciar 73 detenciones políticas. Las y los jóvenes independentistas continúan sufriendo un acoso permanente en el desarrollo de su actividad política, pero no son el único sector social con sus derechos civiles y políticos vulnerados. Persiste la ilegalización y también el peligro de tortura. Sólo este año se han denunciado en Euskal Herria 12 casos de tortura y 4 de malos tratos pricológicos. Además, el Estado ha exhibido la impunidad para los torturadores de Igor Portu y Mattin Sarasola.

No obstante, otros derechos también siguen conculcados. En 2011 se ha recrudecido la situación de opresión lingüística que padecemos las y los vascoparlantes en toda Euskal Herria. No sólo no se nos reconoce todavía el derecho a decidir, sino que reconocidos sólo en algunas partes del país, casi nunca se nos respetan los derechos a ser y vivir como vascoparlantes.

Pero seguramente sea la inhumana política penitenciaria que desarrolla el Estado, la que mejor define su actitud en este proceso. Cientos de presos y presas políticas que por ley y por derecho deberían de estar en la calle permanecen en prisión. Todos y todas aquellas que tienen cumplida su condena o reúnen las condiciones para estar en libertad condicional, así como quienes están gravemente enfermos y enfermas, deberían de estar en la calle. Al resto de presos y presas políticas vascas deberían de trasladarlos inmediatamente a cárceles de Euskal Herria. El Estado no puede seguir jugando ni con sus derechos, ni con la vida de sus familiares. Les pedimos al gobierno de España y al Partido Popular que no continuen siendo presos de sus propias palabras y de sus principios por más tiempo. Escuchen el clamor de la sociedad vasca y permitánse hacerle caso. Para que este nuevo escenario avance, ustedes también tienen que empezar a dar pasos. El primero de ellos debe ser el respeto a los derechos básicos de los presos y presas políticas vascas.

El 7 de enero los agentes políticos, sindicales y sociales del Acuerdo de Gernika estaremos en Bilbao. Por sus calles andaremos para pedir al Estado que comience a dar pasos. El 7 de enero todas y todos de Gernika a Bilbao, en el camino de la amnistía, porque para solucionar el conflicto queremos a los presos y las presas en casa.